Sus alas taparán cualquier atisbo de luz
Que pudieras imaginar.
Su caricia será tan delicada
Que no notarás como te desgarra la piel
Para formar un reguero de sangre a tus pies.
Siempre en el punto de mira
Y a tal velocidad,
Que no habrá ni un sólo instante,
Ni una abertura para adivinar sus movimientos.
No,el Dios de la Muerte
Anda sobre nosotros
Con gráciles movimientos,
eligiendo sus víctimas,
Y antes de darnos cuenta
Ya hemos caído en las garras
Del amor.
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