Con alas de cera
Me dirijo al cielo
Sin miedo al ascenso,
Mas con miedo al fracaso,
A caer más bajo
De lo que nunca pude.
Brillabas tan fuerte
Que quedé cegado;
No pensé en más opción
Que quemarme
O acabar estrellado,
No tuve en cuenta el viento
Que gruñía con envidia,
No tuve en cuenta a las estrellas
Que se reían de mi avaricia,
No tuve en cuenta la tierra
Que bullía con ira,
Y el mar, que con tristeza,
Esperaba acogerme en su lujuria.
Por lógica, la magia no duró;
El golpe sigue resonando en cada hueso,
En cada alma y beso,
En cada desierto escrito en mis lamentos.
Y, aun así,
No siento el dolor,
No siento la tristeza,
No siento la alegría,
No siento.
Sólo te observo,
Brillando en el cielo
Y pienso:
"Debo volver a intentarlo".
Por supuesto, sé que estoy loco,
El océano me mece en sus brazos
Susurrando "Ni lo intentes",
Pero mis oídos están cegados
Con su brillo.
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