Dejar que mis textos se alimenten
De mi doliente y creciente temor
A ser olvidado.
Que absorban mis miedos
Como respirar viento
Y expulsar veneno
En forma de verso.
Aguantar el temblor
De mis brazos doloridos,
Lejos del cariño
Que calmaban las grietas
Que se arremolinan en mi interior.
Y que el crujido de mis quejidos
Resuene entre los huecos de mis huesos,
Ecos de fantasmas que no están muertos,
Sólo apartados.
Mientras mudo la piel,
Guardo el equipaje en el camión,
De trayecto al horizonte,
Donde desaparezca de la vista.
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